viernes, 16 de noviembre de 2018

Algo como un sueño: rap cubano en la Biblioteca Nacional José Martí.

(publicado el 15 de noviembre de 2018 en mi muro de Facebook) 

Ayer fui testigo de algo como un sueño: el homenaje, celebración y exposición que -en la Sala de Música de la Biblioteca Nacional José Martí– fue organizado para abrir puertas a la historia y aporte del rap a la cultura nacional. Fue una tarde para la memoria. Unas 200 personas nos reunimos para disfrutar el paseo por una excelente exposición que contó con trabajo curatorial de Jorge Luis Montesinos, especialista de la Sala. Las palabras inaugurales fueron de Eduardo Torres Cuevas, director de la institución, quien no sólo confirmó el compromiso del centro con la compilación, promoción y apoyo a la investigación y estudio de las producciones musicales del país, sino que se refirió al valor de estas como expresiones de la fuerza de la cultura popular y de la identidad nacional cubana. Para sorpresa de los presentes, Torres Cuevas entonó una cuarteta procedente de un guaguancó de su juventud. Las palabras de Alejandro Zamora, pronunciadas a continuación, también abundaron en el valor del rap cubano como forma de discurso identitario, demás de referirse con amplitud a la capacidad de integración y diálogo en esta música que se ha constituído en un uno de los modos de voz en los sectores populares en América Latina.

Para quienes no pudieron asistir, reproduzco fragmentos del texto que -para la ocasión- escribió la bibliotecóloga (además de esposa) Carmen Berenguer y dejo el link.

¡Cariño, salud y suerte!

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Cultura Hip Hop cubana en la Biblioteca Nacional
fragmentos del texto aparecido el 14 de noviembre de 2018 en Magazine AM : PM
Por Carmen Berenguer


Los archivos y las colecciones constituyen valiosas herramientas para preservar la historia y la memoria nacional de las sociedades. Semejante responsabilidad necesita la unión del conocimiento profundo propio del profesional y de la sensibilidad consciente que inflama al activista. Para acometer tal tarea, se precisa de profesionales proactivos, gestores y facilitadores que no sólo identifiquen las claves de la cultura, sociedad e historia de un país, sino que -al hacerlas parte del archivo- sean actores ellos mismos en el proceso de formación de la memoria y la identidad nacional.

Alejandro Zamora Montes es un joven comunicador que se desempeña como periodista de la revista electrónica Librínsula de la Biblioteca Nacional de Cuba "José Martí" (BNCJM). Posee inquietudes intelectuales diversas y una mirada inquisitiva hacia los procesos culturales de la nación. Hace años que, con tesón y dedicación, investiga y promueve todo lo que concierne a la cultura hip hop en nuestro país. Su libro Rapear una Cuba utópica (2017), la participación en eventos dentro y fuera del país, los numerosos trabajos periodísticos que ha publicado sobre el género, así como una activa participación en las redes sociales para la defensa y promoción de nuestros artistas dan fe de ello. Resultado de su acción como activista va a ser la inauguración en la Sala de Música de la Biblioteca Nacional, hoy 14 de noviembre a las 2 de la tarde, de la exposición "CUBA HIP-HOP. Colección y memoria de una cultura (1980- 2018)". Los variados materiales que se mostrarán pertenecen a los fondos de la Biblioteca Nacional, la Agencia Cubana de Rap (ACR), el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC), la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), y a colecciones personales de especialistas, investigadores, activistas y músicos del hip hop cubano.

Desde su nacimiento, hace ya más de cuarenta años, ha sido tal el impacto global de la cultura hip hop que hoy día existe un enorme circuito de publicaciones, cursos universitarios e incluso archivos dedicados a recopilar, conservar, promover y poner a disposición de investigadores su legado como cultura en todas sus manifestaciones: música, graffiti, activismo, baile, Dj's, entre otras. Buenos ejemplos son los archivos de las universidades de Harvard, Cornell y la UCLA, quizás los más destacados a nivel internacional. La exhibición que tendrá lugar en la BNCJM es la primera muestra panorámica de la presencia y desarrollo desde hace tres décadas de la cultura hip hop entre nosotros. Tres grandes bloques expositivos enseñan los antecedentes y momentos iniciales del hip hop cubano (los años ochenta del pasado siglo), los primeros éxitos, festivales y encuentros teóricos (los años noventa) y un último bloque que abarca desde los inicios del presente siglo hasta la actualidad.


El impresionante rastreo de archivos y trabajo de búsqueda realizado por Zamora se une al trabajo del curador Jorge Luis Montesinos para conducir al público por un recorrido a través de casetes, libros, plegables, programas de eventos, fotografías, publicaciones seriadas digitales e impresas, CD's, DVD's, carteles, flyers (sueltos), spots promocionales, archivos de audio, video clips, entre otros documentos. Dentro de los materiales que se ofrecen destaca un listado bibliográfico (en formato digital) confeccionado por las bibliotecólogas Carmen Berenguer Hernández y Virginia Carvajal Iduate, en colaboración con Zamora Montes, que repasa la temática del rap a través de una pequeña selección de periódicos y revistas cubanas durante el periodo de 1979 hasta el 2016.

Balesy Rivero Nordet, promotor cultural y uno de los iniciadores del movimiento de hip hop en el país, obsequiará a la BNCJM un documento (en versión digital e impresa), fruto de su recopilación personal, con información exhaustiva sobre los Festivales de Rap celebrados en Alamar. Como colofón, la Biblioteca Nacional recibirá en calidad de donativo por parte de Alejandro Zamora Montes y la Agencia Cubana de Rap de los once números de Movimiento, primera revista cubana especializada en esta cultura, así como algunos discos, carteles y gigantografías.


link al texto original: 
http://www.magazineampm.com/cultura-hip-hop-cubana-en-la-biblioteca-nacional/?fbclid=IwAR12pWFqQNdTxa3Xu7kmjykWlCJD1sLiTXSAlaAKO7I1q0hdTZOQtmyjsu4

Un hecho amargo

(publicado en mi muro de Facebook el 30 de septiembre de 2018)

Hace escasos minutos recibimos la llamada que avisa de un hecho amargo: la hija de una antigua compañera de trabajo fue asesinada anoche por el esposo. En fecha reciente, la escritora Teresa Cárdenas, expresó su dolor y rabia ante un caso de violencia criminal ocurrido en su barrio y en el cual la mujer había sido apuñaleada delante del hijo menor.

Uno lee cosas como esas con el desagrado que provoca el asesinato, más con cierta idea (ya vemos que absurda) de que a nosotros no nos sucederá, de que la sensación de tristeza es suficiente expresión de solidaridad, más el dolor de personas cercanas es prueba suficiente de que no es así. No me hace feliz el periodismo de crónica roja, pero el silencio ante manifestaciones de violencia -como si nada pasara o, todavía más hiriente, todo estuviera cada vez mejor- pudre el espíritu.

Este de ahora es sólo un caso, otro caso más, pero me gustaría que la sociedad cubana reaccione de manera más firme ante los daños que la corroen, que estas violencias y otras sean publicamente analizadas y discutidas, que las organizaciones políticas, de masas y, en general, los distintos organismos del Estado ofrezcan una voz firme en contra del abuso criminal y del lado de quienes más lo sufren.

El femenicidio es un hecho extremo que implica la desaparición física de la mujer y esto de ahora es el caso de una joven mujer asesinada, pero también hay que posicionarse en contra de cualquier hecho lesivo, abusivo, humillante, violento o criminal que ataque la dignidad humana. No hay que esperar al más desgarrador de los acontecimientos para rechazar actos que –aunque menos radicales, como las diferentes formas de acoso, las golpizas o la violación- igual son terriblemente dañinos (física, espiritual o psíquicamente) para quien las sufre, deforman al que las ejerce y contaminan al que sabiendo lo que sucede elije callar.

Una voz firme es hablar, por su nombre, de todos estos males y rechazarlos de manera frontal y absoluta; es presentar, entonces, modelos distintos a la sociedad; es dar esperanza y seguridad de que las fuerzas todas del Estado y lo más activo de la ciudadanía van a luchar para que estás miserias no se repitan. Necesitamos liderazgos políticos, sociales y culturales que lo hagan; espacios de opinión pública que, de manera continua, debatan y sometan a crítica todo tipo de práctica discriminatoria, humillante y lesiva para la dignidad humana; programas escolares que, en todos los niveles de la enseñanza, estimulen la cultura de paz y el respeto a las diferencias; y, junto a lo anterior, acrecentar el tipo de atención diferenciada que obliga a mejorar la vida donde la pobreza y el atraso son más evidentes y no pocas veces la violencia también.

Hay que entretejer los hilos dispersos para entender que no se puede estimular el machismo sin poner, del otro lado de la ecuación, una desvalorización de la mujer.

Y sumar voces.

Agendas mínimas para un debate amplio

(publicado en Cuba Posible el 18 de octubre de 2018)


En aras de contribuir al debate en curso sobre el Proyecto de Constitución, Cuba Posible ha pedido a un grupo de intelectuales y especialistas en diversas materias que responda a la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los siete temas que usted considera imprescindibles analizar en la reforma constitucional y por qué? Solicitamos que las propuestas fueran redactadas de la manera más concisa posible (una cuartilla) con el objetivo de generar documentos precisos, de lectura amena, con ideas interconectadas de fácil comprensión y asequibles al mayor número de personas, ya que la tarea de pensar y diseñar la Cuba a la que aspiramos, nos corresponde a todos. A continuación mostramos las opiniones del poeta, crítico y ensayista Victor Fowler Calzada.

Para Veiga:
Sin atender a orden o significación, te paso una pequeña lista de aspectos en los que, a mi entender, el actual Anteproyecto de Constitución merece y necesita más trabajo. Puedo señalar otros, pero estos lucen entre los más importantes. Puedo pensar en amplificaciones futuras, pero estas que señalo son de ahora. Y no vale leerlas de manera aislada, sino que integran un sistema; deben de funcionar en forma simultánea e interdependiente.

Sé que me paso de la petición y pido perdón.

v.

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-Aumentar el diapasón para aquellas razones por las cuales el Estado prohíbe y sanciona cualquier ejercicio de discriminación, para entonces incluir las siguientes: sexo, color, edad, orientación sexual, identidad de género, origen, cultura, nacionalidad, ciudadanía, idioma, credo religioso, ideología, filiación política o filosófica, estado civil, condición económica o social, tipo de ocupación, grado de instrucción, discapacidad, embarazo, u otras que tengan por objetivo o resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos de toda persona.

La definición de condiciones y/o cualidades específicas para la ocupación de determinado empleo o cargo, o para ser elegido a determinada función de dirección debe ser discutido y decidido de común acuerdo entre la Administración y el Sindicato de los lugares en cuestión. Todos los centros de trabajo y estudio tendrán la obligación de desarrollar políticas que, de modo permanente y mediante indicadores científicamente verificables, velen por la no discriminación en toda la posible extensión del concepto; esto será aplicable al empleo, a la promoción de las personas, su acceso al estudio y otros aspectos que se considere.

-Introducir en la legislación cubana la obligación -para funcionarios y dirigentes a cualquier nivel- de rendir cuentas del patrimonio personal que posean al tomar posesión de sus cargos o puestos, durante o después y a solicitud de autoridad competente.

-Reconocer la transparencia informativa como obligación del Estado en todas sus instituciones y/o dependencias (sean entidades productivas o de servicios). Por transparencia informativa se entenderá la obligación de poseer documentación ordenada y libremente accesible para la ciudadanía acerca de los procedimientos y contenido del trabajo en los diversos niveles de dichas instituciones o dependencias. Las empresas, instituciones y organismos que presten servicios públicos deberán incorporar sistemas de medición de satisfacción de las personas usuarias y consumidoras, y poner en práctica sistemas de atención y reparación. El Estado responderá civilmente por los daños y perjuicios causados a las personas por negligencia y descuido en la atención de los servicios públicos que estén a su cargo, y por la carencia de servicios que hayan sido pagados.

Por medio de sus directivos, funcionarios o empleados, el Estado tendrá la obligación de responder las quejas y solicitudes de información por parte de la ciudadanía conforme a las regulaciones establecidas y sin que alguna solicitud o queja pueda ser ignorada o demorada sin razón suficiente la respuesta. El carácter secreto, reservado, confidencial o cualquiera otra clasificación que impida el acceso abierto a una información pública debe ser declarado con anterioridad al acto de solicitud, por autoridad competente y de acuerdo con la ley.

La violación de este principio -ya sea ocultando, alterando, demorando de forma inescrupulosa o manipulando la información solicitada- es sancionable por vía administrativa e igualmente puede ser considerada delito. El daño que una queja ignorada sin razón provoque en un ciudadano será motivo de sanción administrativa o de interposición de demanda contra el organismo, directivo, funcionario o empleado causante del daño.

-Ampliar los derechos relacionados con el debido proceso, de modo que se incluyan aspectos no pensados en el Anteproyecto como: ser informado de su derecho a permanecer en silencio; ser informado de la identidad de la jueza o juez, o autoridad que la ordenó, la de quienes la ejecutan y la de las personas responsables del respectivo interrogatorio; no ser sometido a condiciones de incomunicación por un plazo mayor de 24 horas y únicamente en el marco de investigaciones por la comisión de un delito; el derecho de la familia de solicitar un certificado médico que avale el estado físico y mental en el cual la persona se encontraba al ser detenida; invalidar las confesiones obtenidas después de un arresto y proceso de instrucción prolongado (definir fecha máxima aceptable). 

-Profundizar lo referente a la garantía que el Estado ofrece para la libertad de pensamiento, conciencia y expresión. En este punto es fundamental desarrollar una visión constitucional acerca del reconocimiento y protección extendida del Estado para con la crítica, sea esta la que es ejercida en los medios de comunicación, en las diversas instancias de asamblea (laboral, barrial, de las asociaciones u otras) o individual de los ciudadanos.

Aunque correspondiente a la organización de la vida en los municipios, un complemento básico del párrafo anterior debería de ser la potenciación del derecho de petición, entendido este como el derecho de los ciudadanos (en nivel individual, barrial, en cooperativas, asociaciones u otros agrupamientos) a presentar asuntos para que sean introducidos en el orden del día de las reuniones de los órganos de Poder Popular en los territorios.

Deben ser obligaciones del Estado no sólo el reconocimiento del derecho a la crítica o su protección, sino la multiplicación permanente de los canales y espacios para ejercerla. El Estado deberá de ser tanto garante como impulsor de la Sociedad Civil.

-Definir, constitucionalmente, el no funcionamiento del PCC/UJC como instancias de administración, así como su sometimiento a la Constitución. La especial estructura de Partido único que caracteriza a la sociedad cubana no concede privilegio alguno a los miembros del PCC/UJC, ni significa discriminación alguna para quienes no pertenecen a ellas.

-Definir el contenido exacto del concepto “concentración de la propiedad”. Sabemos de qué trata dicho proceso cuando se piensa, por ejemplo, en la estatura de un monopolio; pero hasta ahora, que yo conozca, nadie ha definido qué cosa es “concentración” de la propiedad en la bajísima escala de una vida barrial.

-Estimular la producción de riqueza (por parte de actores estatales o privados) y su uso en obras de beneficio social; crear oportunidades para la inversión de nacionales en la economía cubana, así como conceder microcréditos a los actores cooperativos o privados que proyecten emprendimientos de escala barrial, en comunidades o pequeños territorios.

-Reconocer las obligaciones del Estado para con la lucha contra la pobreza en el país y la adopción de tratamientos diferenciados acorde a ello. Las manifestaciones de esta voluntad se dan en un amplio conjunto de acciones que, entre otras, incluyen: el otorgamiento de becas y financiamientos específicos para estudiantes en condiciones de pobreza crítica; el desarrollo de proyectos de vivienda social para sectores desfavorecidos o la eliminación del pago de medicinas (u otros que se considere) para personas en esta condición.

-Reconocer constitucionalmente el derecho de los trabajadores a sindicalizarse y renovar su contenido de modo que incluya cuestiones como la condición de inamovilidad laboral de los dirigentes sindicales o la protección contra la injerencia de las administraciones u organizaciones políticas, la separación entre las labores y los cargos sindicales y las labores y cargos de carácter político.

-Reconocer, como obligación del Estado, la promoción permanente y no sujeta a coyunturas políticas, de los vínculos culturales con los cubanos en el extranjero, la facilitación de los contactos familiares, la reunificación de aquellos que así lo deseen, el retorno de aquellos que lo soliciten y su normal integración a la vida en el país. Esta obligación del Estado deberá encontrar los modos de traducir lo anterior al trabajo cotidiano de los medios de comunicación, los escenarios culturales y los programas de enseñanza.

-Crear un Tribunal de Garantías Constitucionales que vele por la estricta constitucionalidad de las leyes, decretos, normativas que se dicten o estén siendo aplicadas en el país. Las disposiciones que este Tribunal declare inconstitucionales perderán de inmediato su efecto mandatorio y se impondrán a los poderes públicos y a todas las autoridades administrativas y jurisdiccionales.

-Introducir la figura del “Defensor del Pueblo”, quien trabajará en relación sinérgica con la Contraloría General de la República y el Tribunal de Garantías Constitucionales. Se trata de una función autónoma respecto a la Asamblea Nacional, el Estado y el Partido. Su función principal es velar por la vigencia, promoción, difusión y cumplimiento de los derechos humanos, individuales y colectivos, así como los demás derechos que se establecen en esta Constitución. A este respecto, atiende hechos, actos u omisiones de todo el sector público y la actividad de las instituciones privadas que presten servicios públicos.

A modo de complemento, el Estado deberá de estimular, apoyar, desarrollar programas, proyectos y planes destinados a extender y profundizar en la ciudadanía un conocimiento pleno de los derechos humanos. El Estado brindará particular atención a grupos desfavorecidos, vulnerables y minorías.

-Precisar que aquellos casos contenciosos en los que no exista inconstitucionalidad, sino donde se pretenda más bien demostrar la insuficiencia de la Constitución para ofrecer orden, control o derechos para determinados sujetos o circunstancias, tendrán como instancia última el Tribunal Supremo. La decisión que éste tome para casos de este tipo modificará cualquier tipo de normativa legal anterior que se le oponga y será de cumplimiento obligatorio e inmediato en todas las instancias, ya que se considerará que genera Derecho.

-Como representante del Estado en su territorio, la nueva figura del Gobernador Provincial queda definido como “el máximo responsable ejecutivo administrativo en su provincia” y “es designado, a propuesta del Presidente de la República, por la Asamblea Nacional del Poder Popular, o en su caso por el Consejo de Estado, por el término de cinco años”. Lo anterior significa que la propia provincia no podrá siquiera proponer su propio Gobernador o que el Presidente que sea va a tener la prerrogativa de nombrar “sus” gobernadores. Creo, en cambio, que cada provincia debe elegirlos.

-Aquí, tanto como en el caso de la elección del Presidente, se toca el corazón de la estructura del poder en la sociedad cubana: ¿cómo elegir, a partir de cuáles patrones, a quién será la figura principal del poder? La norma cubana, desde los niveles más simples de la vida barrial, en las circunscripciones, es “elegir al mejor”, pero… ¿el mejor en qué, qué es “ser el mejor”? A todas luces el principio es derivado de la tradición de la emulación socialista, en la cual la decisión fundamental era elegir el mejor trabajador; pero… ¿cómo hacer esto cuando lo que se necesita medir es la entrega, la inteligencia, la capacidad de trabajo, la honestidad, el don de masas, la disposición a escuchar y dialogar, la capacidad de liderazgo de un determinado candidato? En un sistema donde no hay promesa electoral, ni campaña, ¿cómo se mide y tratando de obtener qué?

Creo que la única respuesta es un tipo de transformación que “oriente” a la comunidad en dirección a abrir espacios que favorezcan la emergencia y reconocimiento, por parte de los integrantes de las comunidades (convecinos) de estas personas. Esto, que pareciera sencillo a este nivel, significa transformaciones enormes en la medida en la que más se va ascendiendo en la pirámide organizativa del poder, pues implica que habría que encontrar los caminos para que los líderes (de donde luego irán saliendo los directivos en niveles de municipio, provincia o nación) puedan no sólo desplegar sus potencialidades, sino ser reconocidos por la ciudadanía.

Este enigma o contradicción únicamente encuentra solución si cambian, se amplifican y fortalecen la participación, la crítica, la opinión pública, la sociedad civil y la democracia socialista.

link al texto original:  https://cubaposible.com/agendas-minimas-debate-amplio-victor-fowler-calzada/?fbclid=IwAR3oCycaixSifLNO0E-vw_MmqOz9Sm9kU4OmhPfNxD491avLFuNRNJNFpj8

Iglesia católica y matrimonio igualitario en Cuba: breve comentario a un texto preocupante

(publicado en Cuba Posible el 8 de octubre de 2018)

La Agenda LGBTI de Wilfredo Pino Estévez, arzobispo de Camagüey-Cubaes el título de un documento que, con bajo la firma de “Un grupo de Sacerdotes Católicos de Cuba”, circula por las redes. Se trata de un material destinado a confrontar (en realidad, se propone acorralar) un texto de monseñor Pino Estévez, que bajo el título “Mi modesta opiniónhabía publicado en la página web de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Basta tomar en cuenta y agregar a lo anterior que, en medio del encuentro de opiniones que el país vive a propósito del actual Anteproyecto de Constitución, un obispo considera que el artículo 68 es un ejemplo de “imperialismo cultural” (Dionisio García, de Santiago de Cuba); otro estima que el matrimonio igualitario no debe de ser admitido, aunque sí ofrecer cobertura legal a las “uniones de hecho” (Wilfredo Pino, Camagüey) y 21 iglesias protestantes firman un documento manifestando su oposición radical a la inclusión del artículo, para que entendamos que estamos ante un momento especial.

Si algo resalta en “La Agenda LGBTI…” es el modo en que la rabia es organizada para despertar en quien lee la sensación de un peligro arrasador e inmediato, capaz de hacer estallar el orden social en el país (e incluso en el mundo); por este camino, el texto hasta incluye un momento en el que la ira se transforma en simple vulgaridad solariega. De esto último es un buen primer ejemplo cuando la inesperada introducción de la sospecha de que alguien como Pino, ascendido a la dignidad de Obispo en un panorama marcado por “la actual deficiencia de formación del clero de Cuba en general”, ni siquiera ha leído las “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, firmadas por quien luego fuera Benedicto XVI, cuando como cardenal Joseph Ratzinger actuaba como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y otro ejemplo más, esta vez al nivel de la chancleta, lo encontramos en la siguiente pregunta que, puesto que no es derivable de las palabras de Pino, sólo pueden venir de los cerebros de los redactores del documento: “Al menos, de momento, en la Arquidiócesis de Camagüey, ¿para continuar siendo católico, será necesario volverse pro-sodomita?”

En este exacto punto, no deja de llamar la atención lo que el texto, sin decir, dice acerca de un calculable (a partir de lo que sugiere sobre la supuesta ignorancia de Pino) bajísimo nivel teórico, cultural, teológico e informativo en la más alta jerarquía del catolicismo nuestro; sobre la tolerancia de quienes promovieron, aceptaron o compartieron responsabilidades con este que ahora es negado de modo tan absoluto. ¿Son realmente “un grupo de Sacerdotes Católicos de Cuba” quienes, arrastrados por la cólera hablan así, dejan entrever suspicacias semejantes sobre las interioridades de la Iglesia cubana y, en general, sobre los sacerdotes católicos cubanos? ¿De cuál Cuba?

Con toda humildad, arrodillado y humillado en lo poco que soy, quisiera que no sea cierto y más bien prefiero imaginar a personajes oscuros, en sótanos más oscuros aún, gente entrenada para manipular y mentir; gente a quien señalar sin vergüenza porque -en el contexto de la vida interna y los escándalos del catolicismo hoy- es una clara, muy lamentable y peligrosa intervención en la opinión pública un párrafo como el que sigue, colocado casi en el final de la carta:

“Paralelamente, si urgido por las circunstancias, el Papa Francisco convocó a una reunión mundial de obispos para febrero de 2019, a fin de tratar el escándalo de los abusos sexuales en la Iglesia, viendo lo que pasa en Cuba tendría la oportunidad de dar una señal muy clara. En efecto, si el Papa sancionara severamente a este arzobispo cubano por predicar lo que la Iglesia condena, los obispos de todo el mundo pondrían las barbas en remojo sabiendo de antemano el castigo que les espera en febrero a los homosexuales infiltrados en la Iglesia, pero si como todo indica no se toma ninguna medida ejemplar, vamos derecho al abismo.”

Lo primero a decir es que la reunión mundial de los obispos va a tratar el escándalo de la pedofilia, escándalo que -vale la pena recordarlo- lo mismo incluye hasta hoy múltiples ejemplos de abuso homosexual que heterosexual; es decir, lo que se trata es el uso del poder para dominar “al otro” o “la otra” y así satisfacer deseos sexuales. El documento clama por una acción papal específica para sancionar “severamente” al Obispo camagüeyano y para ello mezcla, como si se tratasen de una única cosa, el pronunciamiento de Pino acerca de las “uniones de hecho” con los numerosos casos de pedofilia que (luego del conocimiento público de casos en países como Irlanda, Estados Unidos, México o Chile) han conmovido a los creyentes católicos en el mundo, sacudido a la opinión pública internacional, y estremecido a la más alta jerarquía vaticana.

En el penúltimo párrafo los autores de “La Agenda LGBTI…” se despiden con un burdo e increíble chantaje nada menos que a la más alta autoridad católica, y para ello presentan un argumento según el cual cualquier inacción o silencio del Papa sobre la opinión de Pino significaría que el abismo se precipita, todavía, más veloz, en nuestra dirección. Decepciona y nos llama a extremar la alerta pública el leer a estos presuntos “Sacerdotes Católicos de Cuba” que imaginan “el castigo que les espera en febrero a los homosexuales infiltrados en la Iglesia” como si ese fuera a ser el tema de la reunión; por tales motivos, hay que insistir y nuevamente insistir, en que el tema es la fusión entre poder, pedofilia, abuso sexual y, lo peor de todo, el silencio y la manipulación sobre estos temas en el interior de la institución católica. De esto es que hablan las denuncias que nunca fueron tramitadas, o los casos de curas que, en lugar de ser juzgados, eran trasladados de diócesis o protegidos de otra forma.

Echar en un mismo saco una diferencia doctrinal y una conducta criminal, perdónenme los redactores de la carta, es una elección irresponsable, inculta y malvada.

link al texto original: https://cubaposible.com/iglesia-catolica-matrimonio-igualitario-cuba-breve-comentario-texto-preocupante/

Alrededores del artículo 68

(publicado en mi muro de Facebook, el 15 de septiembre de 2018)

Aunque sólo lo he visto en la iglesia de K y 25, en el Vedado, he escuchado que en otras de la ciudad (e imagino que ocurra lo mismo en el resto del país) cuelga un cartel con las frases siguientes:

“Estoy a favor del diseño original.
La familia como Dios la creó.
Matrimonio Hombre Mujer
#Salvemos a la familia
#Unidos por Cuba”

Son tantas las emociones encontradas que experimenté al leerlas que preferiría no haberme enterado.

La angustia de un intérprete ortodoxo de las escrituras bíblicas al enfrentar el llamado “matrimonio igualitario”, refrendado en el artículo 68 del actual Anteproyecto de Constitución, merece ser leída en unión con otros importantes desafíos que, en el mundo de hoy, experimentan las iglesias cristianas: los debates sobre el derecho al aborto, la posibilidad de ordenar mujeres y su función dirigente, el cese de la obligación de celibato para los curas (propia de la iglesia católica).

Me hizo sentir incómodo el toque mesiánico, y habilmente calculado, de un cartel que mediante la frase “#Unidos por Cuba” (impresa en letra mucho más pequeña que el resto de los textos mencionados y en el ángulo inferior derecho), otorga a la institución la misión de ser salvadores de Cuba. Atendiendo a la lógica del texto, en caso de ser rechazado por mayoría el artículo 68 del actual Anteproyecto de Constitución, la iglesia protestante resultaría la entidad no sólo líder en tal resultado (pues es la única que, de manera pública, está haciendo campaña en contra), sino que quedaría identificada como salvadora de la familia cubana y entidad movilizadora nacional en situación de caos (pues no otra cosa que la amenaza de un desastre justifica el llamado y articulación de una campaña nacional).

Hasta donde consigo sentir, la respuesta mayoritaria al desafío han sido la indiferencia y la mudez. Si uno piensa en prácticas, identidades y conductas sexuales dentro del país, entonces resultará claro que no hay, en nuestro perímetro, comunidad homosexual alguna capaz de responder y presentar opinión que permita establecer contrastes con la campaña de la que hablamos; la pertenencia a una comunidad es un acto de conciencia política, la fabricación por parte de un grupo de personas de un sujeto colectivo que los estructura en un corpus legible y coherente durante sus luchas por afirmación de la especificidad y para la obtención de derechos.

Como es típico de toda campaña fundamentada en el miedo, se toman ejemplos aislados y se les transforma en una suerte de peligro universal e indetenible que funciona –siempre es igual- igual que progresan las peores epidemias. Es difícil entender de qué modo el matrimonio de una (o varios miles) pareja homosexual afectaría a “la familia” como institución social. De una parte, la subjetividad homosexual no es resultado de la decisión divertida de alguien que elige ser homosexual, sino que simplemente lo es; de la otra, la subjetividad heterosexual tampoco es elección ni alegría, sino hecho de naturaleza. Junto con esto, la sensación de amenaza es todavía más inexplicable cuando, más allá de las respuestas contaminadas de ideología, se piensa en el por qué exacto del temor; dicho de otro modo, sin apelar a frases como “porque está mal”, “no debe ser”, “están enfermos” o “Dios dijo que no”, ¿por qué hay que impedir y dónde está el peligro espantoso del matrimonio igualitario?

Junto a lo anterior, si bien es lamentable la no-respuesta articulada, resulta terrible la forma en la que hoy la Historia regresa a ese nudo gordiano que el socialismo cubano nunca logró cortar. Terrible porque el matrimonio igualitario no es únicamente un acto de expansión de derechos, a través del cual son propuestos nuevos modelos de igualdad, sino que es resultado de inmensas luchas sociales por la dignidad y plenitud humanas de generaciones de hombres y mujeres, en las más diversas geografías y culturas. Después de ese momento cumbre, único, doloroso y diferenciador, esa marcación negativa que fueron las UMAP, nunca más ha podido entender el socialismo cubano, en su real amplitud, profundidad y extensión; en las escenas públicas de la discursividad política, las instituciones de enseñanza y los medios masivos de comunicación, las conexiones entre las luchas por los derechos relacionados con la identidad y las opciones de sexualidad con la intensificación de las posibilidades de la democracia.

Extraer de cualquier posible discusión los sentidos y alcance de la democracia impide comprender que, para que sea posible arribar a la idea de matrimonio igualitario, millones de homosexuales han debido vivir execrados, perseguidos, negados, en condiciones de ocultación y terror; o han sido usados como chivos expiatorios durante momentos de crisis; o se les ha demonizado, negado accesos a estudio, trabajo o vías de ascenso social; se les ha torturado, golpeado, asesinado, acosado, por grupos o ciudadanos contaminados de odio y a veces por agentes de la autoridad; o se les ha internado, ante cualquier supuesto signo de debilidad, en programas que prometen la regeneración y la reorientación del deseo mediante tratamiento médico o mediante el trabajo. La parte oscura de toda esta montaña, aquella de la que nunca se quiere hablar y que, de manera perversa, se trata como algo “natural”, es la existencia de una enorme empleomanía represiva a la cual se paga para que se ocupe de las tareas de persecución, difamación, descalificación e imaginada reorientación.

En el contexto al que me refiero “entender”, entre nosotros, implica “hablar de”. De ahí la exclusión casi absoluta y en cualquier medio de comunicación de cualquier abordaje crítico, debate, expresión o simple conversación acerca de los problemas de la identidad sexual (aunque también sea algo que pudiera ser extendido a los conflictos de racismo y discriminación o, en su real magnitud, a la condición femenina). Sólo que, como ocurre con los problemas de representación, inscripción, decodificación e interpretación para conseguir hacer evidente una ausencia no queda otro remedio que proceder a tachar, borrar, quitar, arrancar algo que existió y, mientras se desarrolla el proceso, ir entonces dibujando el contorno de aquello que sí se desea conservar, estimular, instalar o instaurar para que sea respetado, querido y, mejor aún, reverenciado y amado. Pero si el homosexual no habla de su homosexualidad, ni el negro del racismo ni la mujer de las violencias en su contra, entonces quien único “muestra” voz es el sujeto masculino, heterosexual y blanco; no porque devele secretos o exponga detalles de su condición genérica, elecciones sexuales o color de la piel, sino exactamente porque es quien no tiene obligación de hablar de ello, ya que es y está en el Poder.

Si lo anterior es cierto, entonces las personas que pudieran componer y ser parte de una comunidad homosexual cubana no han hecho pública su protesta porque o bien carecen de interés y deseos, o porque (pese a interés o deseos) están profundamente desencantados. Cualquiera de ambos caminos admite ser leído en relación a, y como herencia o consecuencia, del desastre de las UMAP y de los proyectos, planes y esfuerzos desde entonces realizados en el país para borrar o ir más allá de esa huella. En el mejor de los casos, estos proyectos y planes se contentan con introducir alguna leve alusión al acontecimiento negativo; en otros, las acciones transcurren en medio de un silencio tan general o de una manera tan aislada y casuística que no puede menos que suponerse que silencio y aislamiento son planificados. Como tantas otras veces, han sido el arte y la literatura los que siguen insistiendo en mostrar la realidad humana y los conflictos derivados de los problemas de identidad sexual y sus opciones.

¿Qué otra cosa podía pasar?

Yo también quiero a la familia como Dios la creó: con deseos de que esta fuera feliz; solicitando de los padres amor, responsabilidad y entrega para con los hijos; con el mandato de ser solidarios y ejemplos de humanismo para con la comunidad. ¿De qué otro modo los hijos iban a seguir el ejemplo de vida de los padres? Me hubiera gustado presenciar, en el espacio público, alternativas a lo que el cartel citado nos propone; alternativas profundas, informadas, que abran nuevos caminos para la razón, la comunidad y la sociedad futura. Me hubiera gustado que el Estado hubiese tenido una presencia más activa, inteligente, audaz y con mayor visión para –durante todos estos últimos años- estimular intervenciones públicas a propósito de muchos grandes temas del debate político, social y cultural contemporáneo de los cuales Cuba parece estar distanciada: las discriminaciones, el racismo, los problemas de género, las sexualidades, los modelos de familia, la pobreza, el acceso a los medios, la democracia, los modelos económicos, etc.

Lástima que no sucedió, entre otras cosas para que el artículo 68 –acompañado de otras mil preocupaciones- resultase menos central que lo que parece hoy. Dicho de otro modo, cuando lo único que puede decirme de la Constitución una de mis vecinas –que vive en las condiciones de la pobreza promedio cubana- es que “¡mira tú qué cosa… los m… van a casarse!” eso es una derrota significativa para el Estado y para el socialismo cubano. Tal y como enseña el psicoanálisis, lo reprimido retorna y todo lo que se calló durante años (UMAP, parametración, normativas de “escándalo público” y otras prácticas con visos de homofobia) ahora regresa en el razonamiento de esta persona que subordina el resto del debate sobre la Constitución a lo propuesto en el artículo 68. En este esquema, los derechos generales o los ordenamientos económicos, las estructuras del Estado o cualquiera otra posibilidad apenas importan, pues el único punto sobresaliente es aquello que siempre se prefirió no discutir.

También hubiera deseado captar la cantidad de energías que emanan del mencionado cartel para que esa misma institución repudiara, también de forma pública, los casos de pedofilia en el interior de entidades eclesiásticas a lo largo del mundo (creo que todavía no hemos sabido si en Cuba ha habido casos semejantes, pues el secreto al respecto es tan total que bien puede imaginarse que entre nosotros ni hay ni hubo nunca casos semejantes), la violencia contra la mujer, las diversas formas de abusos doméstico e infantil, los rastros de racismo o clasismo entre los fieles, entre otros muchos males que igualmente afectan y erosionan la familia.

Finalmente, el cartel me desgarró porque recordé que hubo una vez cuando ambos, homosexuales y líderes religiosos, compartieron aislamiento, literas y trabajos en aquellas UMAP de penosa memoria. Una sola vez, una sola, en la que un cristiano heterosexual haya recibido apoyo, solidaridad y consuelo de un homosexual, es suficiente para justificar el tipo de preguntas que obliga a repensar los límites. Por eso, quiero familias en las que prime el amor y nunca, en ninguna circunstancia, la formalidad, las mentiras, la traición y la hipocresía; donde, siempre que haya hijos o sin haberlos, se formen los propios -o se contribuya con los ajenos- para que actúen como ciudadanos trabajadores, responsables, universalmente solidarios, empeñados en fomentar el bien común, el diálogo y la comprensión entre las personas. Que reciban amor y que lo devuelvan, lo pidan y respeten cuando lo encuentren. A esa Cuba me uno y la quiero salvar y que me salve.

Y, una vez más, si me equivoco con cariño ha sido.
15 de septiembre a las 17:08